agradable

pudor humano

Posted in censura, genitales, interferencia sexual, prohibiciones by jgtejeda on julio 19, 2009

John Webber 1751-1793_Otaheite

Bertrand Russell, en Nuestra ética sexual (1936): El pudor en alguna forma y grado, es casi universal en la raza humana y constituye un tabú que sólo debe romperse de acuerdo con ciertas formas y ceremonias o, al menos, en conformidad con alguna etiqueta reconocida. No debe verse todo, ni deben mencionarse todos los hechos. Esto no es, como suponen algunos modernos, un invento de la época victoriana; por el contrario, los antropólogos han hallado las formas más complicadas de gazmoñería entre los salvajes primitivos. ____________________ Viniendo de Russell, que luchó con firmeza por la ilustración de las personas en relación a los asuntos sexuales y contra la superstición o la represión religiosa, vale la pena considerar el tema (aunque se le haya colado un toque un poco racista en su argumento). En efecto, pareciera que las religiones se han apoderado del pudor humano, que constituye un sentimiento profundo respecto del cuerpo, no sólo en los intercambios eróticos sino también en las enfermedades, cuando nos golpean, etc. Cuando estamos en cosas sexuales tendemos naturalmente a la penumbra, a la nocturnidad y a mantener privada la acción. Nos ocurre también con el dinero, o con el modo como dormimos, por lo general es preferible la discreción. Pero una cosa es una tendencia natural, y otra una obligación. Diríamos que somos cada uno de nosotros, personalmente, los dueños mayoritarios de nuestro cuerpo y por tanto los principales encargados de controlar cuánto de la intimidad corporal damos a la vista de los demás. De allí que resulte irritante la pretensión religiosa o moralista, o política, de regular en todos los casos y para siempre qué se puede mostrar o ver del cuerpo humano y dónde. Una cosa es que uno sea el dueño de su propia casa y decida abrirla o mostrarla sólo en ciertas ocasiones, porque también hay un pudor casero; otra muy distinta que se transforme en pecado o delito el hecho de invitar gente a comer, o hacer una fiesta, o publicar un reportaje de la decoración hogareña en una revista especializada, o subir fotos de las habitaciones a Facebook. Con el cuerpo sucede otro tanto. En determinados momentos necesitamos lucir el cuerpo en todo su esplendor sexual, por ejemplo en una playa o en un baile o ante un espejo y no sé qué razones hay para impedir esa forma de belleza. El de más allá sentirá un bienestar haciendo nudismo, o se subirá a una mesa para regalarle a sus amigos un strip tease festivo, o habrá una pareja que por alguna razón querrá filmar sus ayuntamientos carnales.  Hacer de esto una infamia per se es secuestrarle a la gente el manejo de su propio pudor, y para mí que en ese secuestro indebido del cuerpo está la ganancia que algunos hacen con el control del pudor ajeno. Cada cual sabe cuándo y dónde o con quién descubrir el cuerpo o mostrar su lado sexual, y es preciso respetar en cada cual su propio ritmo de pudores. Finalmente toda la discusión acerca de los temas sexuales en sociedad pasa por una división de pareceres muy profunda: el cuerpo es propiedad de cada persona, o pertenece a la sociedad. Yo tiendo a pensar que ambas cosas son verdad aunque en porcentajes diferentes, es decir que el cuerpo humano le pertenece más -mucho más- a la persona individual que a la especie…. lo veo como en las relaciones entre nuestra vida individual y nuestro rol de seres políticos, siempre hay algo nuestro que se debe a la comunidad, también ocurre con todo tipo de propiedad privada, que tiene sus límites. Lo que ha ocurrido históricamente en occidente con el manejo del pudor pertenece más bien al ámbito de la expropiación, de las dictaduras, hay una cesión indebida de nuestros derechos sobre nuestro propio pudor. Tal como últimamente, en la dirección contraria, opera cierto tipo de periodismo, de reality show, de periodismo de investigación, de subir materiales a la red, donde lo que se practica es la publicidad del cuerpo ajeno sin consentimiento de los propietarios. El respeto por el pudor va en ambas direcciones, y al final se centra en el respeto a la persona, respetar tanto sus modos de ocultar o silenciar lo propio como de romper esos silencios u opacidades ___________ grabado de John Weber

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